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El CF Motril amarga el reestreno celeste en Tercera

Bienvenidos a la Tercera División. Donde la igualdad es máxima y donde – aunque suene a topicazo-, los pequeños detalles deciden. O aprovechas las escasas oportunidades de gol que tu oponente te concede o estarás muerto, porque ese oponente seguramente tendrá más calidad que tú y en cuanto yerres, te la clavará. El fútbol es a veces cruelmente simple: meterla o no meterla, that´s the question.

El Veracruz volvía a albergar un encuentro de Tercera tras algo más de dos años vagando por Andaluza y División de Honor.  Y lo hizo ante uno de los numerosos gigantes a los que tendrá que medirse esta temporada, el CF Motril. La soporífera tarde estival no fue óbice para que el Municipal luciera sus mejores galas en el anhelado reencuentro con la categoría nacional, con la ilusión de rememorar tardes de gloria, de efeméride, no tan lejanas.

Esa ilusión se trasladó al césped, donde los de Ruano arrancaron impetuosos frente a un Motril tímido y reservón. En una primera parte plana, sin apenas acercamientos a puerta reseñables y sin claro dominador, los locales pudieron desnivelar la balanza en las postrimerías de la misma. Primero por mediación del pequeño Pocho, el mejor de largo ayer, tras una internada por la derecha que no supo materializar; y, sobre todo, con el mano a mano de Isidoro ante Josemi, justo al filo del descanso, que el murciano desperdició ante la incredulidad del respetable.

La segunda mitad arrancó continuista con la igualdad exhibida en los primeros cuarenta y cinco minutos. Tanto Ruano como su homólogo José Manuel García agotaron sus cambios cuando no había llegado ni el minuto setenta. Miguel ingresó en el verde entre la ovación campiñesa y los más optimistas ya auguraban su endémico gol salvador. Y la tuvo, tras un balón que recogió a la espalda de su par y que un zaguero motrileño sacó sobre la línea de gol cuando se cantaba el tanto en la grada.

Pero la ley del fútbol es implacable, no descansa ni en agosto y en una categoría tan equilibrada como esta se manifiesta en su máximo esplendor: el que perdona, lo acaba pagando. El Motril poco a poco fue encontrando a sus jugones, con Ramiro más adelantado tras la sustitución de Rosendo. Moi también apareció. Lo intentó desde el medio campo, tras ver adelantado al cancerbero Alberto, dejando en parada cardiorespiratoria al personal. Luego quiso hacer la de Mendieta en el Nou Camp, enganchando desde la frontal un saque de esquina en una gran acción de laboratorio. No lo consiguió.

Sería Ramiro, el más listo de la clase, el que sí acertaría. Fallo de Abraham en su intento de ceder con la testa a Alberto, y por allí que pasaba el zurdo motrileño para evidenciar su contrastada calidad en forma de disparo cruzado. 0-1.

De ahí al final, con un Villacarrillo roto física y anímicamente, en todo caso lo que pudo llegar fue el segundo de los visitantes. Los granadinos definitivamente iban de menos a más, anestesiando el choque y jugando con el reloj. No había valiente que le robara el esférico a Ramiro.

Aguilera Morales sólo descontó tres minutos tras seis cambios, dos tiempos muertos y diecisiete botellas de agua consumidas, enojando a la parroquia campiñesa.

Sería el Motril el que pudo sacar tajada del mini descuento. Joan Grasa pudo ampliar la cuenta tras una contra de manual; sin embargo, se encontró con la infinita pierna de Alberto. Hay portero.

Ahí murió el encuentro y volaron los tres primeros puntos del Veracruz. Gran botín para los granadinos, excesivo castigo para los campiñeses. De ilusión a desilusión: la vida en noventa minutos.

La próxima semana los nuestros viajarán a tierras malagueñas para enfrentarse al CD Rincón. Esto sólo acaba de empezar.

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